Y al final, la bruma se disipó, novela · Capítulo 19 de 24
Capítulo 19: La invitación
Llegamos al Club de la Unión a las nueve de la noche, bajo una lluvia fina, en un taxi que Danilo había pagado con sus últimos ahorros.
Yo llevaba un vestido verde botella, prestado por Tania, y el pelo recogido en una trenza.
Danilo iba con el único traje oscuro que tenía, demasiado grande en los hombros.
Y entre los dos, apoyado en su bastón, con una corbata nueva y la gorra de lana en la mano, avanzaba el viejo pescador de Riñihue.
"No me gustan estos lugares", susurró en el ascensor.
"A mí tampoco."
"Ni a mí", dijo Danilo.
"Entonces estamos en igualdad de condiciones."
El portero del salón buscó mi nombre en la lista, y abrió la doble puerta con una inclinación de cabeza.
El salón de baile era enorme, de techos altos y arañas de cristal, con trescientos invitados en trajes de gala y copas de champaña.
Una orquesta tocaba un vals.
En el escenario, bajo un letrero dorado que decía "Cuarenta años de Naviera Echenique", se alzaba una mesa vacía, cubierta de flores blancas.
Nadie nos miró al entrar.
Recorrí la sala con la vista.
Vi a socios, a políticos, a una exministra, a mujeres de pelo perfecto que cuchicheaban con una mano en la boca.
Vi al padre de Claudio, un hombre alto y callado, apoyado en una columna.
Y vi, en un rincón, a Claudio, de pie, sin copa, con las manos en los bolsillos del traje gris.
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