Elegiste A Otro, Ahora Olvídame, novela · Capítulo 8 de 24
Capítulo 8: La provocación
Desperté en el sofá cama, con la cabeza de Inés sobre mi brazo y la luz del sol bañándonos a los dos.
Mi camisa estaba en el suelo, con un botón menos.
Ella ya estaba despierta, mirando el techo.
—Buenos días —dije.
—No lo digas así.
—¿Así cómo?
—Como si creyeras que estás enamorado de mí.
Me volteé de lado.
—Todavía no estoy seguro de qué pienso. Pero sí sé lo que hice anoche.
—Sí. Lo hiciste. —Sonrió mirando el techo—. Dos veces.
—Tres, si contamos el suelo.
—Lo del suelo fue una caída. No cuenta.
Me reí y la atraje hacia mí.
Me dejó hacerlo por un momento. Luego apoyó una mano en mi pecho.
—Rodrigo, escucha. Ayer seguías casado hasta las seis de la tarde.
—Ayer a las seis firmé.
—Y a las seis y tres estabas en mis brazos. —Alzó las cejas—. Solo digo que fue rápido.
—Tú pusiste la regla.
—Puse esa regla para no ser una mujer que usaras para superarla.
—No te estaba usando.
—Todavía no puedes saberlo. —Su voz era dulce—. Eso es todo lo que digo. Ninguno de los dos puede saberlo.
La miré a la cara bajo la luz de la mañana: la tinta en su mejilla, esos ojos color avellana que nunca apartaban la mirada.
—Entonces te lo demostraré —dije.
—¿Con el tiempo?
—Cada martes que tengas.
—Bien.
Se incorporó y se puso mi camisa sobre los hombros.
—Y la próxima vez que me digas que solo viniste por la escalera, te recordaré lo del suelo.
—Nunca diría eso.
—Me estoy preparando.
Me dio un beso rápido y fue a buscar café.
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