Amante En La Sombra, novela · Capítulo 4 de 16
Capítulo 4: La cena de Aldo
La cena de Aldo fue el sábado a las ocho, en su apartamento de Usaquén.
Fui porque quise.
Me puse un vestido verde oscuro que Valentín nunca me había visto, me solté el pelo y llegué con una botella de vino, sola.
Mi hermano me recibió en la puerta con un abrazo enorme.
"¡Por fin! Pensé que no venías. Entra, entra, ya están todos."
Todos eran cuatro.
Valentín, de pie junto a la ventana, con una copa en la mano y la mandíbula tensa.
Josefina, sentada en el sofá, con un vestido blanco y los ojos grandes.
Y una señora de sesenta años, delgada, con un collar de perlas, que me miró de arriba abajo sin disimular.
"Mamá", dijo Valentín. "Ella es Renata, la hermana de Aldo."
Leonora Cuervo no me tendió la mano.
"La traductora", dijo. "Mi hijo me ha hablado de usted. Hija de profesora, ¿verdad?"
"De profesora de colegio público", contesté. "Sí, señora."
"Qué meritorio."
Dijo la palabra como quien dice "qué barato".
Josefina se levantó.
Tenía el pelo largo, negro, liso.
El mismo corte que yo.
Los mismos ojos oscuros.
Cuando se acercó, noté que el color era demasiado perfecto, de peluquería.
"Renata, mucho gusto", dijo, tendiéndome la mano. "Aldo me habló maravillas de ti."
"Igual."
Su mano temblaba.
Se sentía fría.
Cenamos.
Aldo había cocinado ajiaco con pollo y aguacate, y estaba tan feliz que hablaba por los cuatro.
Contaba chistes.
Servía vino.
Repetía que esta noche era una noche especial, que la vida da vueltas, que hay amores que esperan.
Valentín casi no probó la comida.
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