Así que hui con mis gemelos, novela · Capítulo 6 de 12
Capítulo 6: La carta
Salí a la duna descalza, con la cobija sobre los hombros.
Everardo se quedó en la puerta, con los brazos cruzados.
No dijo nada, pero tampoco se movió de ahí.
Misael estaba de pie en la arena, a diez pasos de la casita.
Tenía las manos vacías, y se las veía temblar.
Se había afeitado a medias, y una de las mejillas le brillaba de sudor.
"Cuatro días", dijo. "Llevo cuatro días buscándote."
"Mentiste a tu padre por mí en la carretera."
"Lo sé. Fue lo único bueno que hice esa semana."
"No lo hiciste por mí."
"Lo hice porque te vi el vientre", dijo. "Y no supe qué decirte."
Miró hacia el hombre de la puerta.
Everardo le sostuvo la mirada, impasible.
"El doctor", dijo Misael, con voz plana. "El de las urgencias."
"Me ayudó a salir."
"Gracias."
Lo dijo sin ironía, y eso me sorprendió más que cualquier otra cosa.
Hundió la mano en el saco y sacó un sobre blanco, algo arrugado, con mi nombre escrito a mano.
No era su letra.
"Azucena me lo dio antes de morir. Me pidió que no lo abriera hasta después del entierro."
"Lo abrí anoche."
"Y venía otra cosa."
De la otra bolsa sacó un cuaderno de hojas azules, cosidas con hilo.
"Es la declaración del doctor de la clínica. Se la saqué ayer, en su casa, con mi pistola en la mesa."
Contuve el aire.
"¿Qué dice?"
"Léela tú."
Me tendió el sobre.
Lo tomé con dedos fríos.
Dentro había tres hojas de papel de carta, escritas con letra fina y temblorosa, en tinta azul.
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