Desaparecida en el fuego, novela · Capítulo 4 de 24
Capítulo 4: El regalo
Eliseo me llevó a cenar el sábado a un restaurante de Vitacura, con mantel blanco y velas.
Pidió el vino que me gustaba.
Me cortó el pan.
Me tomó la mano sobre la mesa.
"Cinco años", dijo. "No puedo creerlo."
"Yo tampoco."
"Cinco años contigo, y todavía me paso la vida pensando en lo suerte que tengo."
Sonreí.
Y lo odié con una claridad tan limpia que me asustó.
En mi bolso, dentro de un sobre, estaba el resultado del laboratorio que Teresa había mandado hacer a su nombre.
Mifepristona.
Concentración sostenida.
Exposición crónica.
Lo había leído tres veces antes de salir de casa.
Después lo había guardado en el fondo del bolso, debajo de un pañuelo, y me había puesto el vestido gris perla que a él le gustaba.
"Tengo un regalo", dijo Eliseo.
Sacó del bolsillo una caja pequeña.
Dentro había un llavero de plata con una llave.
"¿Qué es?"
"La llave de la casa del lago. Ya la hice arreglar. Está lista para el aniversario."
"¿Hicieron reformas?"
"Un par de detalles." Hizo un gesto vago con la mano. "Calefacción, cocina. Quiero que pasemos el fin de semana allá. Solos. Como cuando empezamos."
Lo miré.
Tenía los ojos oscuros, tiernos, sinceros.
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