El Semental De Los Tres Huevos, novela · Capítulo 4 de 12
Capítulo 4: Lo que no dije
Nos vestimos en silencio.
Valentina caminó descalza hasta la puerta y miró por el pasillo vacío.
Volvió con la cara pálida.
"Era Rosendo", dijo.
"¿El director?"
"No tengo pruebas. Pero es el único que tiene llave del pasillo y esa forma de pararse." Se sentó en la silla, con la bata mal abotonada. "Me lleva años rondando."
"¿Rondando?"
"Fuimos pareja, Lalo. Hace cinco años. Duramos ocho meses." Se frotó las sienes. "Cuando lo dejé, no lo aceptó. Desde entonces, cada vez que tengo algo bueno, aparece."
"¿Y qué te puede hacer?"
"Es el director. Puede mandarme una queja al Colegio de Médicos por tener relaciones con un paciente. Puede dejarme sin licencia." Respiró hondo. "O puede aprovecharse de la foto para pedirme otra cosa."
Se me cerró el puño.
"Que lo intente."
"No digas eso. Es peligroso."
"¿Y tú qué ibas a hacer?"
"Lo que hago siempre. Aguantar."
Me arrodillé frente a su silla.
"Valentina."
"Dime."
"Yo ya no soy tu paciente."
Levantó la mirada.
"Desde hoy dejo de serlo. Si quieres, firmo lo que sea. Que se sepa que nos conocimos aquí y que ya no vengo por consulta."
"No es tan fácil."
"Es tan fácil como tú quieras."
Me miró con una mezcla de sorpresa y alivio.
Después sonrió, un poquito.
"Primero", dijo, "necesito una ducha."
"Yo también."
"La del personal tiene agua caliente."
"¿Y está sola?"
"A estas horas, siempre."
El baño del personal estaba al final del pasillo, detrás de una puerta con una placa que decía "Solo empleados".
Entramos, y Valentina echó el seguro.
Era un cuarto chico, de azulejos blancos y piso de goma, con una regadera y una banca de madera.
Abrió el agua.
El vapor empezó a llenar el aire.
Nos desnudamos sin hablar.
Esta vez, sin timidez.
Ella se metió primero, bajo el chorro caliente, y echó la cabeza hacia atrás para mojarse el pelo.
Yo la miré desde la puerta.
El agua le recorría los hombros, los pechos, el vientre, las piernas.
Tenía un cuerpo de mujer de verdad, amplio y firme, con una cicatriz fina bajo el ombligo y un lunar en la cadera.
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