La esposa olvidada por el Mafioso: embarazada y abandonada., novela · Capítulo 12 de 12
Capítulo 12: El nombre
Lázaro me llevó a la clínica de Pereira en el jeep prestado, bajo una lluvia que no daba tregua.
Conducía con las dos manos aferradas al volante y la mandíbula tan apretada que le temblaba un músculo en la mejilla.
Yo iba en el asiento de atrás, con doña Lourdes sosteniéndome la mano y la escopeta, por si acaso, en el piso.
"Respira", repetía ella.
"Estoy respirando."
"Más."
"¡Estoy respirando, doña Lourdes!"
"Eso, grite, que ayuda."
Lázaro tomó una curva tan fuerte que las llantas patinaron.
"Con calma", gruñó doña Lourdes. "Si me mata a la parturienta, lo mato yo."
"Sí, señora."
Llegamos a las dos de la madrugada.
Me bajaron en una silla de ruedas, y la enfermera de la guardia me miró con el ceño fruncido.
"¿Quién es el padre?"
Hubo un segundo de silencio.
Miré a Lázaro, empapado, con el pelo pegado a la frente y los ojos desorbitados.
"Él", dije.
Lo vi tragar saliva.
"Entonces que se lave las manos y entre."
El parto duró seis horas.
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