La Heredera Traicionada, novela · Capítulo 11 de 16
Capítulo 11: El arma
Todo ocurrió en menos de tres segundos.
Vi el cañón negro, redondo, apuntándome.
Vi la mano de mi hermano, temblando.
Vi sus ojos oscuros, vacíos.
Lo único que pensé fue: otra vez.
No grité.
No me moví.
Me quedé quieta, con la barbilla en alto, mirándolo.
"Hazlo", dije.
"Dámaris", susurró mi madre.
"Hazlo, Eugenio. Delante de todos. Delante de papá."
La pistola subió un centímetro.
"Tú", dijo, con una voz que no era la suya. "Tú me has quitado todo."
"Yo no te he quitado nada."
"La empresa. A mi padre. A Yami."
"Yami es una Cienfuegos."
"¡Calla!"
"Intentó matarme. Dos veces. Con la ayuda de la gente que casi mata a mamá. Y tú abriste la puerta, Eugenio. Tú."
"¡Calla!"
"Lo sabes."
"¡CALLA!"
Su dedo se tensó en el gatillo.
Abel saltó.
Fue un movimiento de relámpago.
Cruzó la mesa, de un salto, y se puso delante de mí, como una pared.
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