La Traición De Mi Esposo Bajo Mi Bisturí, novela · Capítulo 4 de 12
Capítulo 4: La otra esposa
Ludovica llegó en un taxi a las once de la noche.
Traía una capucha gris sobre el pelo platino y las manos apretadas contra el vientre.
Abrí la puerta antes de que golpeara.
"Pase."
"No sé a quién más llamar."
"Acuéstese."
No tenía sillones.
Tendí una frazada sobre el colchón del piso y la hice recostarse de lado.
Saqué de mi bolso el ecógrafo portátil que usaba para las guardias, del tamaño de una plancha de afeitar.
Le subí el camisón.
Los moretones del costado habían pasado de violeta a verde.
Había una mancha de sangre fresca, pequeña, en la ropa interior.
"¿Cuánto?"
"Poquito. Hace dos horas."
"¿Dolor?"
"Calambres."
Pasé el transductor sobre su vientre.
La pantalla del celular mostró la imagen: una niña o un niño de piel traslúcida, moviéndose, con el corazón latiendo claro.
"Está bien", dije. "La placenta está en su lugar. Probablemente es un desprendimiento mínimo, por el golpe. Necesita reposo absoluto."
"¿Y si no puedo?"
"Tiene que poder."
Ludovica cerró los ojos.
Se le deslizó una lágrima hasta la oreja.
"Doctora."
"Giuliana."
"Giuliana." Probó mi nombre en la boca. "Quería preguntarte algo. Desde el lunes."
"Pregunta."
"¿Quién eres para mi marido?"
Guardé el ecógrafo con calma.
Ella me observaba, desde abajo, con los ojos grises muy abiertos.
"Cuando entró a la sala, la cara le cambió", siguió.
"Lo vi."
"Yo estoy casada con él hace seis meses y nunca le vi esa cara."
"Después le pregunté."
"Me dijo que eras una antigua compañera."
"Que no tenía importancia."
"¿Le creíste?"
"Quise creerle."
"No hay que querer creer, Ludovica. Hay que mirar."
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