UpNextDrama · Dramas por entregas gratis: un capítulo más.

Me acusó de ladrona… así que le destruí la vida, novela · Capítulo 5 de 12

Capítulo 5: La noche

Me levanté de la mesa y caminé hacia ellos.

Octavio me siguió con la mirada, pero no se movió.

Ernesto me vio venir y se enderezó, con la mandíbula tensa.

Yaritza bajó los ojos hasta sus zapatos.

"Marisel."

"Buenas noches, Ernesto."

"¿Qué haces aquí?"

"Tomando agua."

"Con Chiari."

"Con Octavio."

"Es nuestro competidor."

"Es una persona que contesta sus mensajes."

Ernesto soltó una risa corta, sin gracia.

"No pierdes el tiempo."

"Pierdo muy poco desde el lunes."

Me acerqué un paso.

Miré a Yaritza.

Ella levantó la cabeza.

Tenía las gafas empañadas y los labios temblorosos.

"Qué bonito blazer", le dije. "¿Lo compraste con el bono?"

"Yo..."

"Tranquila. No te pregunto nada."

Volví los ojos a Ernesto.

"Nos vemos el lunes en la asamblea."

"¿Qué asamblea?"

"La que llegará a tu correo mañana a las nueve."

Su rostro cambió.

No supo qué decir.

Yo pasé a su lado y regresé a mi mesa.

Octavio se había puesto de pie, con la chaqueta colgando del brazo.

"¿Nos vamos?"

"Sí."

"¿Adónde?"

"A mi casa."

Lo dije sin pensarlo.

Él me miró un instante.

"Vamos."

Dejó unos billetes sobre la mesa.

Salimos juntos por el ascensor, ante la mirada fija de Ernesto, que no dijo nada.

Mi apartamento de Costa del Este tenía un ventanal que daba a la bahía y un sofá largo de cuero gris.

Nunca había llevado a nadie.

Octavio se detuvo en la puerta, con las manos en los bolsillos.

"Bonito."

"No tengo nada que ofrecerte."

"¿Agua con limón?"

"Hay."

"Perfecto."

Se rió.

Cerré la puerta.

Me apoyé de espaldas en ella.

Él se quedó a tres pasos.

Nos miramos en silencio.

El corazón me latía en las muñecas.

"Octavio."

"Dime."

"Quiero esto."

"Lo sé."

"Quiero esto, y no quiero pensar."

"Entonces no pienses."

Cruzó la distancia en dos pasos.

Me tomó la cara con ambas manos, me alzó la barbilla y me besó.

Fue un beso lento al comienzo, de labios que prueban.

Después se ensanchó, se hizo urgente, de lenguas, de dientes, de respiración partida.

Mis manos subieron a su cuello.

Hundí los dedos en su pelo corto.

Él me levantó contra la puerta.

Sigue leyendo gratis con una cuenta. Empieza Me acusó de ladrona… así que le destruí la vida desde el Capítulo 1 y luego crea una cuenta gratis para leer el resto de este capítulo.

← Capítulo 4 · Todos los capítulos · Capítulo 6 →