Mi Alfa Lloró Lágrimas de Plata, novela · Capítulo 6 de 16
Capítulo 6: La roca
Abdiel se movió antes que yo.
Me sacó del agua y me envolvió en su chaqueta.
Me puso el camisón con manos rápidas y firmes, y me levantó en brazos sin decir una palabra.
La figura de la roca no se movió.
Los ojos amarillos que la acompañaban, tampoco.
"Quédate quieta", murmuró contra mi sien. "Pase lo que pase, no los mires a los ojos."
"¿Son los de Leticia?"
"Son guardias de los Tovar. Los trajeron en la caravana."
Caminó hacia el sendero con paso tranquilo, como un hombre que vuelve de un baño nocturno.
Casimira bajó de la roca, ágil como un animal, con el chal ondeando.
Los dos lobos la siguieron a tres pasos.
Eran grandes, de pelo pardo y hombros anchos, con la misma pulsera de plata en la muñeca.
"Alfa heredero", dijo Casimira, inclinando la cabeza con respeto fingido. "Qué sorpresa encontrarlos tan lejos de la cabaña."
"Quería que respirara aire limpio."
"No debería salir de noche. La plata del cuerpo se agita con la luna."
"Lo sé."
"Y el agua caliente no le conviene." Me miró de arriba abajo, con una sonrisa dulce. "Mi niña, ¿no te lo dije? Esto te puede costar un empeoramiento."
"Me siento bien", dije con una vocecita.
"Siempre te sientes bien, y siempre me llamas al día siguiente con fiebre." Dio un paso. "Heredero, la devuelvo yo a su cama. Le preparo una infusión."
"Yo la llevo."
"Es mi paciente."
"Es mi invitada."
Los dos se miraron.
Los siete anillos de plata de Casimira brillaron cuando alzó la mano.
"Una cosa más", dijo, sin perder la sonrisa. "Ayer se me perdió un frasco de tónico. Alguien lo recogió de la mesita de Amaranta. Creo que fue usted. Si lo tiene, devuélvamelo, por favor. Era de un lote defectuoso y podría hacerle daño."
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