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No Mirar Atrás, novela · Capítulo 5 de 12

Capítulo 5: El directorio

Dejé a Thiago con mi tía.

Aarón apareció en la puerta con una bolsa de pan de anís y un juego de damas.

"Yo me quedo con él", dijo Aarón. "Vaya tranquila."

"No lo conozco desde hace una semana."

"Entonces es tiempo suficiente para saber que no le voy a hacer nada."

No dudé.

Había algo en sus manos, en cómo sostenía la bolsa, que me daba la misma calma que el pan caliente.

Volé con Ricardo esa misma tarde.

Íbamos en asientos separados, uno detrás del otro, sin hablarnos.

A las ocho y media entramos al edificio de Belaunde Importaciones, en Miraflores, un cubo de vidrio con un logo plateado en la fachada.

Seis años había pasado delante de él, sin entrar.

Una vez esperé en la vereda de enfrente, con Thiago en brazos, bajo la lluvia.

Ricardo salió, me miró desde el otro lado de la calle y levantó la mano como a una conocida.

Ahora crucé el vestíbulo detrás de él, con mi bolso de cuero viejo y mi blusa de lino amarilla.

Los guardias se pusieron firmes.

Una recepcionista me miró de arriba abajo.

"Señora, ¿tiene acreditación?"

"Viene conmigo", dijo Ricardo.

"Don Ricardo, el directorio está reunido y la señora Consuelo dio órdenes de..."

"Yo soy el presidente de esta empresa hasta que alguien me demuestre lo contrario. Ella viene conmigo."

La recepcionista se quedó callada.

Subimos al piso doce.

Una puerta doble de madera clara.

Ricardo se detuvo frente a ella.

Me miró.

"Quédate aquí un momento", dijo. "Te llamo cuando sea la hora."

"Ricardo."

"Confía."

Entró.

Me quedé en el pasillo, de pie, con el corazón en la boca.

La puerta no cerró del todo.

Por la rendija vi la sala de juntas: una mesa larga de caoba, nueve sillas, un proyector.

En la cabecera, con un vestido de lino beige y un collar de perlas de tres vueltas, estaba Consuelo Belaunde.

Tenía sesenta y cuatro años y el pelo gris recogido en un moño sin una sola fibra fuera de lugar.

A su lado, de pie, con una tablet y un moño igual de impecable, Fabiana Olivares.

Llevaba un traje sastre negro, labios color vino, y una sonrisa de gato.

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