No Mirar Atrás, novela · Capítulo 9 de 12
Capítulo 9: La demanda
La demanda llegó a Arequipa tres días después, por mano de un notificador de traje gris.
Consuelo Belaunde pedía la tenencia exclusiva de su nieto.
Argumentaba cuatro cosas.
Que yo había sacado al niño de Lima sin autorización del padre.
Que no tenía ingresos estables.
Que vivía en casa de una tía sin recursos.
Y que mantenía "una relación sentimental con un vecino, panadero de oficio, de dudosa solvencia moral".
Leí el último punto tres veces.
"Esto es una broma", dije.
"Es un clásico", respondió mi abogada, una mujer de cuarenta años que atendía en un local de Yanahuara con olor a azahar. "Cuando no tienen nada, inventan un amante."
"Aarón y yo apenas nos hablamos."
"Pues de eso van a tener que hablar."
La audiencia fue el viernes, a las diez.
El Juzgado de Familia de Arequipa era un edificio colonial de sillar blanco, con patios interiores y un olor a cera de piso.
Entramos por un corredor de arcos.
Consuelo ya estaba allí.
Sentada en una banca de madera, con un traje de lino gris y un abogado de Lima a cada lado.
Fabiana, detrás, de negro, con la mirada baja.
Me vio y levantó la barbilla.
Mi abogada me tomó del brazo.
"Respira."
"Estoy respirando."
"Hazlo más lento."
Entramos a la sala.
Una jueza de cincuenta años, con un moño bajo y una mirada paciente, presidía desde un estrado de madera oscura.
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