Puse A Madre E Hija En Cuatro Ruedas, novela · Capítulo 4 de 12
Capítulo 4: La mesa de tres
La casa de las Montilla estaba en Naguanagua, en una calle de casitas con rejas pintadas de colores.
Zulay abrió la puerta con un delantal sobre un vestido verde.
Me hizo pasar a una sala pequeña con un sofá de flores, una vitrina de platos y un olor a sofrito.
"Siéntate."
"¿Y Génesis?"
"En la ducha. Baja en cinco minutos."
"Zulay, yo..."
"Cena primero."
Me puso un plato de pabellón criollo delante: arroz blanco, caraotas negras, carne mechada y tajadas fritas.
Comí en silencio, con la cabeza gacha, como un niño en una reunión de padres.
Génesis bajó de la escalera con una bata de algodón, el pelo mojado y una sonrisa de gata.
"Padrino."
"Génesis."
"Qué rico que viniste."
"Tu mamá me invitó."
"Lo sé."
Se sentó frente a mí, al lado de su madre.
Las dos me miraron al mismo tiempo, con la misma ceja alzada.
Se parecían tanto que me dio mareo.
"Bueno", dijo Zulay, sirviendo el vino. "Vamos al grano."
"Sí, mamá."
"Álvaro. Las reglas."
"Soy todo oídos."
Tomó un sorbo.
"Primera. Aquí no se miente. Si pasa algo, lo sabemos las tres."
"Los tres", corrigió Génesis.
"Las tres y él. Segunda. Nadie compite con nadie."
"Mamá, no me molesta competir."
"A mí sí."
"Está bien."
"Tercera. Cada una decide por sí misma. Si una dice basta, es basta."
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