Quédate Con Tu Luna Podrida, novela · Capítulo 7 de 20
Capítulo 7: Bajo la lluvia
Zacarías esperó a que estuviéramos solos, en la sala de armas, para hablar.
La sala era un cobertizo de piedra con estantes de cuchillos, lanzas y arcos, y una mesa larga donde guardaban los mapas del valle.
Cerró la puerta.
Afuera empezaba a caer una lluvia fría.
"Compañera", dijo.
Estaba de espaldas, mirando la pared.
"No empieces."
"Dijo compañera, Nere. Delante de cuarenta lobos."
"Lo sé."
"Me dijiste que él te había marcado. Me dijiste que te mintió. No me dijiste que eras su compañera."
"Porque no lo soy."
Se volvió.
"Una marca verdadera no se pone a quien no lo es. Tú lo sabes mejor que yo."
Tenía razón, y me dolía que la tuviera.
Me senté en un banco, con los codos sobre las rodillas.
La nuca me latía.
"Hace cuatro años", dije, "Ambrosio me llamó a su cuarto una noche de luna llena. Yo llevaba meses sintiéndolo en la piel. Cuando lo vi esa noche, lo supe. Y él también."
"¿Y qué hizo?"
"Me tomó de la cara. Me dijo que mis ojos eran lo más hermoso que había visto. Después me puso la marca."
Zacarías no dijo nada.
"A la mañana siguiente me explicó que era temporal. Que la ley de la manada no permitía una Luna de sangre errante, y que si yo quería estar a su lado, debía hacerme pasar por Beta. Que la marca era para protegerme, y que se desvanecería con el invierno."
"Y le creíste."
"Quería creerle."
Levanté la cabeza.
"Cuatro inviernos, Zac. Cuatro. Y cada vez que no se desvanecía, él decía que el invierno había sido corto."
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