Tres Minutos A Oscuras, novela · Capítulo 9 de 12
Capítulo 9: Luz prendida
Natalia se fue a las nueve de la mañana a recoger a su padre en Santa Marta.
Llevaba un vestido amarillo de cumpleaños y un perfume nuevo.
"Nos vemos a las ocho en el restaurante de la playa", dijo desde la puerta. "Pónganse guapos, que hay sorpresa."
Cuando el carro desapareció por la trocha, cerré la puerta con llave y corrí las cortinas.
Keila ya me estaba esperando en el cuarto grande, con las luces prendidas.
"Hoy no hay apagón", dijo. "Hoy te voy a ver todo."
Estaba sentada al borde de la cama, desnuda, con las piernas cruzadas y una caja pequeña de terciopelo en el regazo.
"¿Qué es eso?"
"Lo que traje en la maleta y no me atreví a sacar."
Abrió la caja.
Dentro había un vibrador pequeño, de silicona morada, con la punta curva y un botón en la base.
Sentí que la sangre me bajaba de golpe.
"Lo compré antes de venir", confesó. "Pensando en quién sabe qué. Pero ahora quiero usarlo contigo."
"Enséñame."
Se recostó contra las almohadas, abrió las rodillas, y encendió el aparato.
El zumbido llenó el cuarto.
Lo pasó despacio por el interior de sus muslos, y luego entre sus labios, y por fin sobre el clítoris.
Se le escapó un suspiro hondo.
Yo me quedé de pie junto a la cama, desnudándome sin apartar los ojos.
Me senté frente a ella en una silla, solo mirando.
"Tócate", pidió, con la voz ya ronca. "Mientras me ves."
Me tomé la verga con la mano, ya dura, y empecé a acariciarla despacio.
Keila movió el vibrador en círculos pequeños, con los ojos entrecerrados, mordiéndose el labio.
La luz del sol, filtrada por las cortinas, le pintaba la piel de dorado.
Podía ver todo: el brillo entre sus piernas, la forma en que le temblaban los muslos, el rubor que le subía al pecho.
El resto de este capítulo forma parte de la parte de pago de la serie. Los capítulos 1 a 4 de Tres Minutos A Oscuras son gratis: empieza desde el principio y desbloquea el resto con monedas en la app.