Un Anhelo Sin Final, novela · Capítulo 14 de 24
Capítulo 14: Los puños
La Torre Larco tenía treinta pisos de acero y vidrio, y un escenario de madera armado en la explanada de la entrada.
Fui al día siguiente con Manuel y Carolina, a las cinco de la tarde, con cascos amarillos prestados.
Carolina quería ver el lugar donde hablaríamos.
Manuel quería ver dónde estaban los cables del sonido.
Yo quería saber cuántos pasos había desde la fila de atrás hasta el micrófono.
Veintidós.
Los contamos entre los tres, riéndonos, mientras los obreros pasaban a nuestro lado cargando andamios.
Entonces se oyó un frenazo en la rampa de entrada.
Un auto negro se detuvo con una rueda sobre el bordillo.
Hugo bajó sin cerrar la puerta.
Venía sin corbata, con la camisa mal abotonada y los ojos de quien no ha dormido en dos días.
"¡Maúrtua!", gritó.
Manuel se dio vuelta con calma.
"Larco."
"Aléjate de ella."
"Ella no es tuya para que me lo ordenes."
Hugo caminó hacia él con los puños cerrados.
Carolina se interpuso, pero él la apartó con una mano, casi sin verla.
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