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Un Anhelo Sin Final, novela · Capítulo 5 de 24

Capítulo 5: La otra señora Larco

Carolina Maúrtua llegó al café de Miraflores con quince minutos de adelanto.

La reconocí desde la puerta.

Llevaba un traje sastre azul oscuro, el pelo negro cortado a la altura de la mandíbula y una carpeta de cuero bajo el brazo.

Caminaba como una mujer que ha entrado a muchas salas de juntas donde nadie quería escucharla.

Se levantó cuando me vio.

"Amelia."

"Carolina."

Nos dimos la mano, sin saber si abrazarnos.

Nos sentamos en una mesa del fondo, junto a un ventanal que daba al malecón.

Ella pidió un café negro.

Yo pedí un té, que no pensaba tomar.

"Antes de empezar", dijo, "quiero decirte algo: no estoy aquí para pedirte que lo dejes ni para pedirte que lo cuides. No me interesa."

"Me alegra saberlo."

"Estoy aquí porque ayer vi un video."

Sacó su teléfono y me lo mostró.

Era la grabación de Hugo de rodillas entre las rosas, con la cara desencajada y una chica de quince años llorando de emoción.

Alguien la había subido a internet con el título: "El heredero Larco se arrodilla ante su esposa."

Tenía ochenta mil visitas.

"Me llegó por un grupo de colegas de Madrid", dijo Carolina. "Pensé: ahí está. La otra. Y vi cómo lo mirabas."

"¿Cómo lo miraba?"

"Como se mira a un empleado que llega tarde."

Solté una risa corta.

"Llevo cinco años casada con ese hombre", dijo ella. "Y nunca hemos dormido bajo el mismo techo, ni una noche."

La miré.

"Firmamos en una notaría, delante de mi padre y de Arsenio Larco. Después cada uno se fue a su casa."

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