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Amor profundo que llega tarde, novela · Capítulo 6 de 24

Capítulo 6: Quinto día

Tobías me llamó a las siete de la mañana.

Contesté en la cocina de mi madre, de pie, con una taza de café entre las manos.

"Isa."

Su voz estaba rasposa, de hombre sin dormir.

"Ven al departamento. Por favor."

"¿Para qué?"

"Quiero que veas algo. Quiero que estés cuando se lo muestre a Ignacia."

Colgué.

Mi madre me miró desde la mesa.

"¿Vas a ir?"

"Sí."

"¿Quieres que te acompañe?"

"No hace falta, mamá."

Tomé el bus a Santiago con el pendrive en el bolsillo.

Cuando llegué al departamento de Ñuñoa, la puerta estaba entreabierta.

Tobías me esperaba en el living, de pie, con la misma camisa del día anterior, arrugada.

Ignacia estaba sentada en el sofá, con el brazo en cabestrillo y un té entre las manos.

Se veía pálida.

En la pantalla grande del televisor, congelada, estaba la ladera norte de Cordón Blanco.

"Dime que lo viste", dijo Tobías.

"Lo vi."

"¿Cuándo?"

"Ayer."

Cerró los ojos.

"Y no me dijiste nada."

"Era tu copia o la mía."

Ignacia dejó el té sobre la mesa con un golpe seco.

"Tobías, no sé qué estás tratando de hacer. Esto es ridículo."

"Mira."

Pulsó el control.

La figura pequeña de Ignacia dio un paso, estiró las manos y empujó.

La figura con mi chaqueta cayó por el borde.

Tobías pausó la imagen.

El cuarto quedó en silencio.

"Eso soy yo", dijo Ignacia, con un hilo de voz, "intentando agarrarla."

"¿Agarrarla?"

"Se resbaló. Yo estiré las manos para sostenerla y tropecé."

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