Aprendiendo a que Me Manejen, novela · Capítulo 7 de 12
Capítulo 7: Baños
Rafael me llevó a Baños de Agua Santa el sábado por la mañana.
"Tres días", dijo. "Tú, yo, y nadie más. Después de eso, hablas con Andrea cuando quieras y como quieras."
"Usted está loco."
"Totalmente."
"Ella vuelve el domingo."
"Por eso."
Me subí a la camioneta sin decir nada más.
Tomamos la autopista hacia el sur, hacia la sierra central.
El Chimborazo asomaba entre las nubes, blanco y enorme.
Pasamos por Latacunga, por Ambato.
Bajamos por el valle hasta que apareció el verde espeso de la montaña.
La cascada de la Virgen colgaba como una cinta blanca en la ladera, y el aire olía a azufre y a caña de azúcar.
Alquiló una cabaña de madera a las afueras del pueblo, frente a un río.
Tenía una terraza y una piscina de aguas termales que humeaba bajo los pinos.
El dueño, un señor flaco con sombrero, nos entregó la llave sin hacer preguntas.
"Para el matrimonio, la mejor cama."
"Gracias", dijo Rafael.
Yo me ahogué con mi propia saliva.
Esa noche cenamos en el pueblo, una trucha frita con patacones y un jugo de naranjilla.
Caminamos de la mano por la calle principal, entre turistas y vendedores de melcocha.
Nadie nos miraba.
Nadie nos conocía.
Por primera vez en tres semanas me sentí ligera.
Volvimos a la cabaña a las diez.
La piscina echaba vapor bajo la luna.
"Quiero que te quites la ropa", dijo Rafael, con una voz tranquila.
"Aquí."
"Aquí."
"Alguien puede vernos."
"Estamos en medio del monte."
"Alguien..."
"Lucero."
Me quité el vestido.
Me quité el sostén.
Me quité la ropa interior.
El aire frío de la montaña me puso la piel de gallina.
Él sacó algo del bolsillo de su chaqueta.
Un pañuelo de seda negro.
"Ven."
El resto de este capítulo forma parte de la parte de pago de la serie. Los capítulos 1 a 4 de Aprendiendo a que Me Manejen son gratis: empieza desde el principio y desbloquea el resto con monedas en la app.