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Así que hui con mis gemelos, novela · Capítulo 4 de 12

Capítulo 4: Mi esposa

Me quedé quieta con el frasco de azúcar en la mano.

El hombre del sombrero de paja dio un paso hacia mí.

Tenía unos cuarenta años, bigote ralo, y un reloj demasiado caro para ese pueblo.

"Disculpe, señora. ¿Usted es de aquí?"

Abrí la boca, y no me salió ni una sílaba.

"Mi mujer vive aquí conmigo", dijo una voz detrás de él.

Everardo estaba en la puerta de la tienda, con el maletín de médico al hombro y la camisa empapada de sudor.

Entró sin prisa, pasó junto al desconocido, y me rodeó los hombros con un brazo.

"Amor, ¿te falta algo? Estaba terminando la consulta."

El brazo era pesado y cálido, y me sostuvo las rodillas.

"Solo velas", logré decir.

"Voy a pagártelas."

El hombre alzó el teléfono.

"Busco a una persona. La familia está preocupada."

Everardo miró la pantalla con curiosidad educada.

"Qué guapa novia. Pero esa es otra, amigo. Mi esposa es Estela Cruz, de aquí del pueblo. Pregúntele a cualquiera."

La dependienta, sin que nadie se lo pidiera, asintió con energía.

"Es la mujer del doctor, sí señor."

"Y está esperando", añadió Everardo. "Gemelos. Para marzo."

Me apretó el hombro.

El hombre del sombrero nos miró a los dos, despacio.

Al final sonrió, sin alegría.

"Disculpe la molestia, doctor."

Salió de la tienda con las manos en los bolsillos.

Sentí que se me aflojaban las piernas.

Everardo me guió afuera, hasta el embarcadero, y no me soltó hasta que me senté en un banco de madera.

"Respire."

"¿Por qué dijiste que era tu esposa?"

"Porque era lo único que se me ocurrió."

"Ahora todo el pueblo cree que..."

"Todo el pueblo lo creyó en dos segundos. Ahora lo sabrán todos en diez minutos."

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