Capo, tu amor ya no significa nada, novela · Capítulo 11 de 16
Capítulo 11: Los libros
Nadie respiró en la sala.
Yo abrí la carpeta azul con la mano vendada.
"Don Genaro", dije. "Usted dice que sin sus hombres esta mesa no se sostiene."
"Es la verdad, señora."
"Entonces veamos con qué plata se los paga."
Saqué la hoja y la puse en el centro de la mesa.
Era una sola página, escrita con mi letra, con cuatro columnas.
"Cuarenta y ocho meses. Cada mes, una transferencia chica desde los casinos hacia la cuenta de una empresa de taxis en Quilmes. La empresa de taxis le pertenece a usted."
"Eso es legal."
"No es legal que figure como gasto de limpieza en los libros de Fermín."
Genaro soltó una risa.
"¿Y quién va a creerle a una mujer despechada?"
"Yo", dijo el viejo del bigote amarillo, acercándose la hoja.
Leyó de arriba abajo, moviendo los labios.
"Aquí figura el casino de Lanús. Mi casino. Tres meses de enero a marzo, ciento diez mil dólares." Levantó la vista. "Don Genaro, ese dinero no llegó nunca a mi caja."
"Hubo ajustes."
"Mis muchachos no cobraron dos quincenas. Tuve que prestarles de mi bolsillo."
"Y yo", dijo otro capo, un hombre flaco, de lentes. "Las pensiones de las viudas del puerto. Estaban atrasadas. Usted dijo que había un problema con el banco."
La hoja pasaba de mano en mano.
Cada uno que la leía se ponía más serio.
Cuatro millones doscientos mil dólares.
Con ese dinero se pagaban salarios, viudas, huérfanos, escuelas.
Se habían tragado tres inviernos de la familia.
Genaro miraba cómo la hoja volvía a mi lado de la mesa.
Ya no sonreía.
"Todo eso es una invención", dijo. "Una venganza de esposa abandonada."
"Entonces abra sus cuentas", dije. "Ahora. Delante de todos."
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