Compradora, comprada por su bestia, novela · Capítulo 9 de 16
Capítulo 9: Los barrotes
Rufo conocía la Casa de Contratos mejor que su propia cola.
"Seis años de ir y venir", me dijo esa noche, de rodillas en un tejado del canal.
"Hay una reja del lavadero que nunca cierran bien."
Nos colamos entre sábanas húmedas y olor a jabón.
Subimos por una escalera de servicio, con la luz de una sola vela, hasta un sótano de piedra donde empezaba el pasillo de las celdas.
Un guardia dormitaba en una silla, con la barbilla en el pecho.
Rufo le acercó a la nariz un trapo con un polvo amarillo.
El hombre se aflojó del todo, con un ronquido pacífico.
"Dormidera", susurró. "La uso para clientes ruidosos."
"Rufo."
"Es broma, jefa. Más o menos."
Al fondo, una luz tenue iluminaba una celda con barrotes gruesos.
Dentro, tumbado sobre paja, con una cuerda al cuello y un paño oscuro colgado sobre la cabeza, estaba Sirio.
La peste verde y dulce llenaba el aire.
El resto de este capítulo forma parte de la parte de pago de la serie. Los capítulos 1 a 4 de Compradora, comprada por su bestia son gratis: empieza desde el principio y desbloquea el resto con monedas en la app.