Curso de Perreo Intensivo, novela · Capítulo 4 de 12
Capítulo 4: La regadera
Rigo me citó el miércoles en el café de siempre, el de la esquina de la oficina, a la hora de la comida.
Yo fui porque quería que me viera llegar.
Entré con el pelo suelto, el vestido rojo que él decía que me quedaba grande y las piernas todavía sensibles de la noche anterior.
Él estaba en la mesa de la ventana, con la camisa polo y los codos sobre el mantel.
Había veinte personas comiendo alrededor.
"Siéntate, Yaz."
Me senté sin quitarme el bolso.
"El video ya lo vio medio piso", dijo él, sin saludar. "Mi jefe también."
"¿Cuál video?"
"No te hagas. La clase. Tú ahí, encima de un tipo, con las nalgas al aire. Es una vergüenza."
Me quedé mirándolo.
Así que Cinthia no solo había grabado.
Rigo se inclinó hacia mí con esa cara de lástima que usaba para mentir.
"Te perdono. Deja el curso, bórrate de ahí y regresa conmigo, y yo hago que lo quiten."
"¿Que me perdonas?"
"Estás confundida por lo de la ruptura. Lo entiendo."
"Tú me dejaste, Rigo. Por Cinthia."
Bajó la voz, aunque todavía lo oían tres mesas.
"Mira, yo sé que a ti te cuesta soltarte. Siempre fuiste tan tronca en la cama que ahora estás compensando, y se te nota."
Dijo la palabra sin bajar el volumen.
La mesa de al lado dejó de masticar.
Sentí que se me calentaban las orejas, pero esta vez el calor no era vergüenza.
Me puse de pie con mucha calma.
"Gracias por decírmelo aquí, delante de todos", dije, alto y claro. "Así queda más fácil."
Rigo parpadeó.
"¿Qué haces?"
"Dos años me dijiste que yo era el problema. Que no me movía, que no sabía, que contigo era como acostarse con una tabla."
La señora de la mesa de al lado se llevó la mano al pecho.
"Pues resulta que sí me muevo, Rigo", seguí. "Resulta que sí sé. Lo que pasaba es que contigo yo no quería, y tú nunca preguntaste."
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