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El Hockeyista Fingió Amarme y Elegí a Su Rival, novela · Capítulo 4 de 24

Capítulo 4: El rival

Pasé la noche en un hotel junto al aeropuerto, con la maleta sin abrir y el teléfono apagado.

No lloré.

Había planeado llorar, pero cada vez que cerraba los ojos veía la ceja torcida de Linus y me daba rabia.

A las seis de la mañana me bañé, me trencé el pelo y bajé al vestíbulo.

El gerente de los Titans me había dicho que alguien me esperaría en la sala de las aerolíneas.

Esperaba un abogado o un representante con corbata.

Me esperaba un hombre enorme, sentado en un sillón demasiado pequeño para él, con las piernas estiradas y una taza de café en la mano.

Lo reconocí antes de ver su cara.

Por cómo se sentaba.

Con la pierna derecha un poco adelantada y el peso en la nalga izquierda, como quien protege algo que no quiere nombrar.

Soren Halvorsen, capitán de los Titans de Boston.

Treinta y cinco años, un metro noventa y tres, barba corta, una cicatriz que le partía la ceja izquierda.

Lo había visto cien veces en la pantalla de mi casa, siempre del otro lado del hielo.

Siempre, siempre, contra Dalton.

"Doctora Eliason", dijo, y se puso de pie con un esfuerzo que disimuló bien.

"Capitán."

"Soren, por favor. Perdone que haya venido yo. Mi gerente quería mandar a un abogado. Yo pensé que usted preferiría ver a un jugador."

"¿Por qué?"

"Porque los jugadores sabemos cuándo un médico es bueno."

Sonreí sin querer.

"No me conoce."

"Lo suficiente." Señaló el sillón libre. "Siéntese."

Me senté.

Él también, con una mueca que le cruzó la cara y que se tragó enseguida.

"Hace tres años que su esposo me rompió la cadera", dijo sin rodeos.

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