Fingí Mi Muerte y Él Perdió la Razón, novela · Capítulo 10 de 12
Capítulo 10: Frente a frente
Aníbal despertó a las dos de la madrugada, en una habitación de la clínica de San Isidro.
La misma clínica donde había empezado todo.
Eso me pareció cruel, aunque no lo había elegido yo.
Estaba sentada en un sillón junto a la cama, con una chaqueta de lana sobre los hombros y las manos entrelazadas.
Hacía tres horas que no me movía.
Los médicos habían dicho que era agotamiento, deshidratación, un shock fuerte.
Que dormiría un día entero.
Durmió seis horas.
Abrió los ojos despacio.
Miró el techo.
Después giró la cabeza y me vio.
No dijo nada.
Respiraba con la boca abierta.
Las lágrimas le rodaron por las sienes hasta la almohada.
"No es un sueño", dijo con voz de papel.
"No."
"Estás viva."
"Sí."
"¿Cómo?"
"Me fui."
"¿A dónde?"
"A un sitio donde tú no pudieras llamarme."
Cerró los ojos.
Se tapó la cara con el brazo sano.
Sollozó.
Fue un llanto sin ruido, de hombros, hondo.
Lo dejé llorar.
Cuando pudo hablar, preguntó:
"¿Fue... una puesta en escena?"
"Sí."
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