La Mentira que Me Alimentó, novela · Capítulo 5 de 16
Capítulo 5: La caja
Esperé hasta el sábado.
Sandro salió a las diez de la noche a una reunión con los capos del puerto.
No me quiso decir de qué trataba, y los guardias se turnaron en la puerta principal.
Yo me quedé en el dormitorio con una novela abierta.
A las once menos cuarto bajé descalza.
El estudio estaba a oscuras.
Cerré con pestillo.
Encendí solo la lámpara del escritorio, con la pantalla cubierta por mi chal.
La llave de bronce no entraba en ningún cajón del escritorio.
Tampoco en el armario.
Me puse de rodillas, con el corazón desbocado, y recorrí con la mano el zócalo de madera.
Uno de los paneles, el último, junto a la chimenea, sonó hueco.
Presioné.
Se abrió con un clic.
Detrás había una caja de metal gris, del tamaño de una caja de zapatos, con una cerradura pequeña.
La llave giró.
Dentro había papeles, una libreta y una carpeta negra.
Lo primero que saqué fue la libreta.
Era de cuero, con las esquinas gastadas, y en la primera página estaba la letra firme y fea de Concetta.
Fechas.
Cantidades.
"Enero, año uno: 30 cápsulas. Marzo: 30 más. Cambiar frasco de Giulia cada domingo."
Pasé las páginas.
Sesenta meses.
Cada uno anotado, con el nombre del farmacéutico de Bagheria y el precio que le pagaban por callarse.
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