La Novia Sustituta del Clan Serpiente, novela · Capítulo 6 de 12
Capítulo 6: El antídoto
El antídoto necesitaba siete noches y una mano que no temblara.
Lo preparé en el invernadero de Nazario, con sus alambiques, su carbón de abedul y mi cuaderno de recetas.
Raíz de lirio blanco.
Savia de nopal.
Gotas de rocío de luna recogidas en un cuenco de plata.
Y, al séptimo día, una cucharada de mi propia sangre, para que la mezcla reconociera a quien la había hecho.
Altagracia entró al invernadero la segunda noche, apoyada en su bastón.
Se quedó mirándome un buen rato revolver un caldero.
"¿Sabes lo que haces?"
"Sí, señora."
"¿Y si te equivocas?"
"Entonces me equivoco yo, no él."
La anciana asintió despacio.
"Mi nieto me contó lo del tónico."
"Lo siento. Debí hablar con usted primero."
"No. Hiciste bien." Golpeó el piso con el bastón. "Cuatro años. Cuatro años dándole de beber a mi nieto un veneno, y yo con mi mano en el hombro de ese curandero, agradeciéndole."
"Usted no podía saberlo."
"Debí olerlo."
"A mí me costó hacerlo. Y es lo que sé hacer."
Altagracia me miró con esos ojos de pájaro.
"Muchacha, dime una cosa. ¿Por qué lo haces? Si eres un trámite."
Quise contestar con ligereza.
No me salió.
"Porque cuando le dije que quería acostarme con él, tembló."
La anciana se quedó callada.
Después soltó un resoplido que podría haber sido una risa.
"Eres de las que cuidan. Qué raro. Los hombres de esta casa nunca saben qué hacer con eso."
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