La Sombra Que Dejó De Proteger Al Don, novela · Capítulo 8 de 12
Capítulo 8: La carnada
Dejé a Bernardo en la cama, con la orden de no moverse, y bajé a la capilla sola.
Eran las doce de la noche.
Los pinos de Tapalpa crujían bajo el viento, y la luz de una luna casi llena pintaba el patio de plata.
La puerta lateral estaba entornada.
Entré sin hacer ruido, con la pistola sin seguro pegada al muslo.
Una vela ardía sobre el altar.
En la primera banca, sentada con la espalda recta y las manos entre las rodillas, había una mujer.
Melena rubia, abrigo claro, perfil de actriz de cine.
"Marina Ocampo", dijo sin volverse. "La famosa sombra."
"Sabrina Iturbe."
"Siempre te imaginé más alta."
"Y yo a ti con menos cara."
Sonrió un segundo, con un cansancio hondo.
"Siéntate, por favor. No traigo armas."
"Yo sí."
"Lo supuse."
Me quedé de pie, a cuatro bancas, con la espalda contra una columna.
Sabrina se giró, por fin, y la vi.
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