La Traición De Mi Esposo Bajo Mi Bisturí, novela · Capítulo 5 de 12
Capítulo 5: El estacionamiento
La capilla del Hospital San Rafael quedaba al fondo del primer piso, junto a la morgue.
Tenía seis bancas de madera, un Cristo de yeso y dos velas encendidas.
A las ocho en punto de la noche del viernes, entré con la bata puesta y un bisturí guardado en el bolsillo.
Nunca lo había usado para algo que no fuera cortar piel de pacientes.
Esa noche lo apreté igual.
En la primera banca había un hombre sentado.
De espaldas, canoso, con un bastón de ébano entre las rodillas.
Dos guardaespaldas esperaban junto a la puerta, con los brazos cruzados.
"Pase, doctora. No muerdo."
Me senté en la banca de atrás.
Él giró apenas el cuerpo.
Cipriano Salvi tenía sesenta y un años, un bigote blanco muy cuidado, ojos pequeños y brillantes, y las manos llenas de anillos.
Parecía un abuelo amable.
Eso era lo más peligroso.
"Doctora Ansaldi. Qué gusto. Me han hablado mucho de usted."
"Lo mismo digo."
"¿Sí? ¿Quién?"
"Su hija."
Los ojos se le entrecerraron.
"Ah. Mi hija habla demasiado."
"Habla poco, señor Salvi. Y tiene los costados morados."
La sonrisa se le congeló.
Durante un segundo, vi lo que había debajo: una frialdad sin fondo.
"Ludovica se cayó por la escalera."
"Si usted lo dice."
"Lo digo yo y lo dice el parte médico."
"El parte lo firmé yo."
Se rió.
Una risa seca, de tos.
"Me gusta."
"Es usted valiente."
"Giordano tiene buen gusto." Golpeó el piso con el bastón.
"Vamos al grano."
"Usted es la primera esposa de mi yerno."
"Soy la única."
"Por papeles. No por la Iglesia."
"La Iglesia no me importa."
"A mí sí."
Se inclinó hacia adelante.
"Esto es muy simple, doctora."
"Hay una paz."
"Esa paz está construida sobre un matrimonio y un niño por nacer."
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