Me Exhibió por una Canasta Navideña, novela · Capítulo 8 de 16
Capítulo 8: La visita
El sábado por la noche, mientras repasaba mis notas para el programa del domingo, sonó el timbre de mi apartamento.
Eran las diez.
Clemente estaba en el Viejo San Juan, supervisando la primera tanda de pernil.
Mi gato dormía sobre el sofá.
Miré por la mirilla.
En el pasillo, bajo la luz amarilla, había una mujer joven con un niño dormido contra el hombro.
Pelo rubio despeinado, ojeras enormes, sin maquillaje.
Alondra.
Abrí la puerta con la cadena puesta.
"¿Qué haces aquí?"
"Doña Wilmarie."
"¿Cómo conseguiste mi dirección?"
"Me la dio una compañera de recepción. Perdone. No tenía otra forma."
Se le quebró la voz.
Sostenía al niño con ambos brazos, y un bolso grande colgaba de su codo.
Detrás de ella, el pasillo estaba vacío.
"No quiero hablar contigo."
"Lo sé."
"No tengo nada que decirte."
"Yo sí."
Respiré hondo.
Me costó.
Quise cerrarle la puerta, pero algo en ese niño de cinco años, con la boca abierta de sueño, me detuvo.
Quité la cadena.
"Pasa. Pero un minuto."
Entró.
Dejó al niño en el sofá, junto al gato, que lo miró con desconfianza y se estiró.
Alondra se quedó de pie en medio de mi sala, con las manos entrelazadas.
"Doña Wilmarie, vengo a decirle la verdad."
"Ya me la dijiste. En el video."
"No. Esa fue mentira."
Me crucé de brazos.
Ella sacó el teléfono del bolso.
Con las manos temblorosas, buscó en la pantalla y me lo tendió.
Era una conversación de mensajes.
Con un contacto guardado como "Sr. Cintrón".
Leí.
"Alondra, necesito que me ayudes con algo muy sencillo."
"Un video corto."
"Una queja de una empleada."
"Te pago diez mil dólares y te hago gerente de recepción en enero."
"¿Diez mil?"
"Ahora mismo. Es solo que digas que la jefa no da canastas."
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