Me fui embarazada del Don mafioso, novela · Capítulo 8 de 12
Capítulo 8: El estrado
Volví a Nueva York a las seis semanas, con un pasaje de ida y vuelta que pagó la Fiscalía de Brooklyn.
Lo guardé en el bolso como quien guarda una promesa.
Estaba de seis meses y medio.
Me instalaron en un hotel de Downtown, lejos de Bensonhurst, lejos del penthouse, lejos de todo lo que había sido mío.
Ottaviano me esperó en el aeropuerto.
Solo.
Con las manos en los bolsillos y una distancia de tres metros entre los dos.
"Me dijeron que no puedo acercarme", dijo.
"Quién."
"Tu abogada. Y tú."
"Yo no dije eso."
"Lo dijiste con la cara."
Era verdad.
"Solo quería verte", añadió. "Nada más."
"Ya me viste."
Asintió.
"Que te vaya bien mañana."
Se dio la vuelta y se fue.
No miró atrás.
El juicio empezó un jueves.
La sala del Tribunal Supremo de Brooklyn era un cuarto enorme, de paneles de madera oscura.
Un reloj de pared sonaba como un latido.
Me senté en el banco de los testigos, con un vestido azul marino de maternidad y las manos sobre la panza.
La fiscal era una mujer de cuarenta años, de traje gris.
Me había tratado como si fuera de cristal.
"Señora Esposito", dijo, de pie frente a mí. "¿Reconoce al acusado?"
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