Quédate Con Tu Luna Podrida, novela · Capítulo 5 de 20
Capítulo 5: Emboscada en el río
Seis lobos grises vadeaban el río en fila, con el agua hasta las rodillas.
Los vi desde la cresta de piedra, tendida boca abajo entre los helechos, con Prudencio a mi izquierda y una docena de guerreros de Cresta de Plata escondidos detrás.
"Seis", susurró Prudencio. "Con ropa de patrulla."
"Seis", confirmé.
"¿Cuántos más vienen detrás?"
"Ninguno."
Me miró de lado.
"¿Cómo lo sabes?"
"Porque yo escribí la ruta."
Era verdad.
Cuando Ambrosio me hizo Beta, hace cuatro años, yo misma tracé los turnos de patrulla del río, con las horas de relevo y los puntos de cruce.
Seis lobos, el segundo día después de la luna llena, a las siete de la mañana, vadeando en el paso bajo.
Exactamente así.
Nadie había cambiado un solo detalle.
"Orgullo de mando", murmuré. "No cambia lo que funciona."
"Eso nos conviene", dijo Prudencio.
"Dos grupos", ordené en voz baja, apenas moviendo los labios. "Cuatro por el flanco izquierdo, escondidos en las rocas del vado. Los demás conmigo. Nadie muerde. Nadie saca garras. Los queremos vivos."
"¿Vivos?"
"Para conversar."
Prudencio sonrió.
Los lobos de Colmillo Rojo salieron del agua, uno tras otro, sacudiéndose.
El primero subió la orilla y se detuvo, olfateando.
Era tarde.
Salté desde la roca y le caí encima, con el codo en la nuca.
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