Quédate Con Tu Luna Podrida, novela · Capítulo 9 de 20
Capítulo 9: La primera noche
Esa noche no pude dormir.
Me quedé sentada en la cama de pino de mi cabaña, con la estufa encendida y la ventana abierta, oyendo el río.
La nuca me latía como un segundo corazón.
A medianoche me levanté, me puse el abrigo, y crucé el sendero entre las cabañas hasta la de Zacarías.
Había luz en la ventana.
Toqué una sola vez.
Abrió en camisa, con el pelo revuelto.
"Nere."
"Quiero que me quites esto."
"No puedo quitártelo."
"Quiero que me lo hagas olvidar."
Me miró un largo rato.
Después dio un paso atrás y me dejó pasar.
Cerré la puerta.
La cabaña olía a humo de leña y a él.
Había un fuego bajo en la chimenea, y sobre la mesa un mapa abierto con piedras en las esquinas.
"No hace falta que...", empezó.
"Cállate."
Lo besé.
Esta vez él no se quedó quieto.
Me agarró de la cintura, me levantó contra su cuerpo, y me llevó hasta la pared de troncos.
Su boca bajó por mi cuello con una hambre que había guardado años.
"Dímelo", susurró contra mi piel.
"Te quiero a ti."
"Otra vez."
"Te quiero a ti, Zac. No por él. A ti."
Algo se le quebró en la garganta.
Me quitó el abrigo, la camiseta gris, el cinturón, sin prisa, besando cada pedazo de piel que dejaba al aire.
Cuando me desabrochó el sostén y se me cayó a los pies, me miró con los ojos oscurecidos.
"Eres tan hermosa que duele."
"Entonces haz que duela bien."
Se rió, bajito.
Me cargó hasta la cama.
Nos caímos juntos entre las mantas, con las piernas enredadas.
Yo le saqué la camisa de un tirón.
Su pecho era ancho, lleno de cicatrices pequeñas, con vello rubio oscuro que le bajaba por el vientre.
Le pasé las manos por todo el cuerpo.
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