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Reencuentro Destinado, novela · Capítulo 5 de 16

Capítulo 5: El juicio

La Piedra de las Tres Voces está en lo alto de la loma, detrás de la Casa Grande, en un claro de roble y niebla.

Son tres rocas planas, dispuestas en triángulo, que los antiguos pulieron con las manos durante generaciones.

En cada una se sienta un anciano del consejo.

En el centro del triángulo, de pie, se coloca el acusado.

Pasé la noche en una habitación sin ventanas de la Casa Grande, vigilada por dos guardias.

A mediodía me llevaron al claro.

Había mucha gente.

La manada entera estaba sentada en la ladera, como en un teatro, en silencio.

Mi padre ocupaba un banco lateral, con las manos entre las rodillas.

Adán, en el otro, con la espalda recta y la mandíbula tensa.

Griselda a su lado, de verde oscuro, con un chal sobre los hombros.

El alfa viejo presidía de pie, junto a la roca central.

"Salomé Posada", dijo. "Acércate."

Entré en el triángulo.

El suelo estaba frío, húmedo.

"Se te acusa de haber roto la palabra del apareamiento", dijo el anciano de la derecha, un hombre flaco de voz de flauta.

"¿Lo reconoces?"

"Reconozco haber rechazado el apareamiento. No haber roto ninguna palabra."

"Explícate."

"Rechacé a Adán porque mi destino no es él."

"¿Y cómo lo sabes?"

Me aparté el escote.

La media luna brillaba, tan clara como el día anterior.

Los tres ancianos se inclinaron hacia delante.

La anciana de la roca izquierda, la más vieja del consejo, se levantó con ayuda de un bastón.

Se acercó a mí, despacio, y me tocó la marca con la yema de un dedo seco.

Cerró los ojos.

"Es auténtica", dijo.

Un murmullo recorrió la ladera.

"Es el vínculo de los destinados. Lo reconozco. Lo vi una vez, hace sesenta años, en mi propia hermana."

"Entonces, el apareamiento arreglado queda anulado", dijo el flaco, con tono dudoso. "Según la ley."

"Si el consejo reconoce el vínculo", corrigió el del centro.

"El consejo lo reconoce", dijo la anciana.

"Falta el reconocimiento unánime", dijo el flaco.

"Falta tu voto", dijo la anciana.

El flaco se removió en su roca.

Adán se puso de pie de golpe.

"¡Esto es absurdo!"

"Siéntese, joven", dijo el alfa viejo.

"Padre, ella pasó la noche con el alfa de Roca Negra. Con el enemigo. Y ahora aparece con una marca que nadie puede probar."

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