Sándwiches e Incesto, novela · Capítulo 10 de 12
Capítulo 10: El patio
A las cuatro de la tarde, el patio de los Tantaleán estaba lleno de gente.
Había venido el caserío entero: los compadres, las comadres, los niños pintados de Carnaval con harina y tintes, y los ancianos de poncho con sus bastones de chonta.
En una esquina, de brazos cruzados, esperaban los hombres de las rondas campesinas con sus látigos al cinto.
Basilio llegó en su camioneta con una banda de música, un padrino de bigote engominado, y el teniente gobernador a su lado como un guardaespaldas.
Se bajó con el sombrero en la mano, y repartió abrazos como un candidato.
Yesenia estaba de pie junto a la mesa de las flores, con un vestido azul de fiesta y la espalda recta.
Yo estaba a su derecha, y Nilda a su izquierda, con el cuaderno negro bajo el brazo.
"Compadres, amigos", gritó Basilio. "Hoy es un día de bendición."
La banda tocó una marcha.
Mi suegro, con su mejor poncho, tenía la cara gris.
Basilio se acercó a él, le palmeó el hombro, y le habló al oído.
Le enseñó algo en el teléfono.
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