Sándwiches e Incesto, novela · Capítulo 8 de 12
Capítulo 8: El río
"A Cajamarca, don Basilio", respondí, con la voz más firme que pude. "Llevo a mi cuñada a comprarse el vestido de la pedida."
Basilio sonrió, satisfecho.
"Así me gusta, un yerno que colabora." Le guiñó un ojo a Yesenia. "Cómprese uno bien bonito, mi reina."
Subió la ventanilla y se fue.
Yesenia no respiró hasta que su camioneta desapareció.
"Nos siguió", dijo después, con los ojos en el espejo. "Mira."
Era cierto.
Dos curvas más abajo, una camioneta negra venía detrás, a media distancia, sin acercarse.
"Nos va a seguir hasta Cajamarca", dije.
"Entonces vamos a Cajamarca." Yesenia se encogió de hombros. "Y de ahí tomamos el desvío a Celendín."
Hicimos eso.
Cuatro horas de camino de tierra, de curvas cerradas y barro, con la camioneta negra detrás y la lluvia golpeando el parabrisas.
A mediodía bajamos por la cuesta hacia el río.
Había llovido toda la noche, y el vado estaba crecido.
El agua marrón corría fuerte sobre las piedras.
Las ruedas del camión se hundieron en el lodo hasta el eje, y el motor se ahogó con un estertor.
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