Solo por comprarle ropa, ¿es necesario divorciarte de mí?, novela · Capítulo 15 de 16
Capítulo 15: La última cuenta
El último viernes del mes, a las cinco de la tarde, reuní a toda la empresa en el patio de carga.
Treinta y ocho personas.
Administrativos con corbata, choferes con gorra, cargadores con casco bajo el brazo y la contadora de pelo cano sentada en una caja de madera, con un abanico.
Me subí a un pallet.
"Buenas tardes a todos."
"Buenas tardes, jefa."
"Gracias por quedarse unos minutos."
Había ensayado el discurso, pero no lo usé.
"Hace cuarenta y cinco días, esta empresa estuvo a punto de hundirse por una mala administración. Hoy no solo sigue en pie, sino que firmó un consorcio con una de las navieras más grandes del país, y duplicó sus pedidos con Alemania."
Aplausos.
"Eso es mérito de ustedes. De cada caja, cada papel, cada llamada."
Más aplausos.
"Quiero reconocer a alguien."
Busqué entre las caras.
Al fondo, junto a una pila de sacos, con el casco puesto y las manos sucias, estaba Rhadamés.
Nadie lo miraba.
Nadie lo señalaba.
Había cumplido las condiciones durante cuatro semanas sin una sola falta.
Llegaba a las seis.
Cargaba.
Se iba a las cuatro.
Comía en un banco, solo.
Los compañeros lo llamaban "el número cuatro".
"Cargador número cuatro", dije.
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