Amor profundo que llega tarde, novela · Capítulo 9 de 24
Capítulo 9: Un extraño
El hombre rubio tardó mucho en levantarse.
Yo esperé, de pie, con las manos en los bolsillos de la chaqueta y una calma rara.
Me parecía una escena de cine ajena, con un actor muy bueno.
"Lo siento", le dije. "No quise ofenderlo. Es que no recuerdo haberlo visto antes."
Él se enderezó despacio.
"Isa, soy Tobías."
"Mucho gusto."
"Tobías Lagos. Tu... Yo soy..."
No pudo seguir.
Se pasó la mano por la boca.
"¿Soy yo la que no está bien?", pregunté. "Porque me siento perfectamente."
Fue lo más extraño de esa noche.
No tenía miedo.
No tenía frío.
Tampoco tenía ese peso de pecho que había cargado los últimos días, ese cansancio de arrastrar un secreto.
Me sentía como cuando uno despierta de una siesta larga.
Una luz de linterna cortó la oscuridad.
"¿Isabel?"
Una silueta alta subía por la pendiente, con una chaqueta roja de rescate y una mochila al hombro.
Reconocí el rostro apenas lo tuve cerca.
Barba, pelo negro revuelto, ojos oscuros y preocupados.
"Lautaro", dije.
Se detuvo.
"¿Me recuerdas?"
"Claro. Me sacaste de la nieve. Y me diste un pendrive."
Soltó el aire.
"Vi tu auto en la barrera y se me apretó el estómago. Subí a ver."
"Estoy bien."
"No lo parece."
Me miró.
Después miró al hombre rubio, que se había quedado inmóvil con una expresión desolada.
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