Descubrí el Fraude de mi Matrimonio, novela · Capítulo 7 de 16
Capítulo 7: Flavio llega
A las cinco menos diez, el ascensor del tercer piso se abrió.
Yo estaba sentada en una banca de madera del pasillo, bajo un cuadro de acuarela de una playa que nunca existió.
Gisella se había quedado abajo, en la cafetería, con la instrucción de no moverse.
La luz de la tarde entraba por una ventana alta y le daba a las baldosas un tono dorado.
Flavio salió del ascensor solo.
Tenía el abrigo arrugado, el cuello de la camisa abierto y la barba de dos días.
Había envejecido cinco años en cinco días.
Detrás de él, dentro del ascensor, vi la silueta de dos guardaespaldas que no se atrevieron a bajar.
Flavio los miró por encima del hombro.
"Quédense", dijo.
Las puertas se cerraron.
Caminó por el pasillo hasta quedar a tres metros de mí.
Se detuvo.
No se acercó más.
Hizo lo que había prometido en el mensaje: se quedó donde estaba, con las manos a los costados, sin tocarme.
Nos miramos.
Hacía cuatro meses que no estábamos tan cerca.
Su rostro, el que yo había mirado dormir tantas noches, tenía las mismas facciones duras y las mismas pestañas largas de siempre.
Pero había algo roto en los ojos.
"Lucila."
"Hola."
"Estás..."
"No estoy bien."
"Lo sé."
Tragó saliva.
"Perdóname. Yo..."
"No empieces."
"Está bien."
"Siéntate."
Se sentó en la otra punta de la banca, con las manos juntas entre las rodillas.
Dejó un metro entre los dos.
Un silencio largo, de pasillo de clínica, con carritos que pasaban y ruedas que chirriaban.
"Quiero hacerte una pregunta", dije.
"Lo que quieras."
"Y quiero que me respondas la verdad."
"Te lo juro."
"No jures. Contesta."
Asintió.
"¿Estamos casados?"
Fue como si le hubiera dado un golpe en el pecho.
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