El Arrepentimiento del Alfa: Recuperando a Mi Compañera Humana, novela · Capítulo 10 de 20
Capítulo 10: La noche de los cazadores
Ezequiel se movió antes de que yo terminara de entender.
Apagó la lámpara de un manotazo y nos empujó a todos contra el suelo.
Un cristal estalló.
Una antorcha entró rodando por la ventana de la cocina y prendió el borde de la cortina.
Rosario saltó con un balde de agua.
Fernanda gritó.
"A la bodega", ordenó Ezequiel. "Las dos. Ahora."
"No me des órdenes", dije.
"Valeria."
"Me vas a decir qué hacemos, no a dónde me escondo."
Él me miró.
Una sonrisa fugaz le cruzó la cara.
"Rosario, el teléfono. Fernanda, la linterna. Valeria..." Dudó. "Quédate detrás de mí. Por favor."
"Mejor."
Afuera se oyeron aullidos.
Muchos.
Más de diez voces, con ese tono ronco y excitado de los lobos de caza.
Ezequiel abrió la puerta y salió al porche.
Yo salí detrás.
El patio estaba lleno de fuego.
Doce hombres con antorchas y cuchillos formaban un semicírculo frente a la casa.
Algunos todavía tenían la ropa humana.
Otros ya estaban a medio transformar, con las manos convertidas en garras.
Delante de ellos, con la capa gris del Alfa sobre los hombros, estaba Gaspar.
"Ezequiel", dijo. "Qué gusto verte vivo."
"Tú no estás aquí por gusto."
"Estoy aquí por la ley."
Abrió las manos con falsa pena.
"Escondes a una humana vendida."
"Rompes el pacto del mercado."
"Y encima ya no tienes cargo."
Miró a su gente.
"Entréguenla."
Los doce dieron un paso al frente.
Ezequiel se quitó la camisa.
"Antes tendrán que pasar por mí."
"Con mucho gusto."
Me adelanté un paso.
Ezequiel me agarró del brazo, por reflejo, y lo soltó enseguida.
"Perdón."
"Está bien."
Levanté el teléfono de Gaspar.
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