El Arrepentimiento del Alfa: Recuperando a Mi Compañera Humana, novela · Capítulo 13 de 20
Capítulo 13: La sentencia
Ezequiel no se movió.
Seguía de pie en medio del claro, desnudo, herido, con la sangre empezando a secarse en las costillas.
Nadie le acercó una manta.
"No", dijo.
La anciana del Consejo frunció el ceño.
"¿No?"
"No recojo la capa." Habló sin levantar la voz. "No hoy."
Un murmullo recorrió los lobos.
"Es la voluntad de la manada", dijo el anciano varón.
"La manada acaba de enterarse de que su Beta vendía mujeres."
"Y de que su Consejo no se dio cuenta durante cinco años."
Ezequiel miró a los siete ancianos, uno por uno.
"Y de que su Alfa tampoco."
Algunos bajaron la vista.
"Hay algo que hay que arreglar antes de que yo me ponga ninguna capa."
"¿Qué?"
"La sentencia de Gaspar. Y lo que se les debe a esas cuarenta y una mujeres."
Los ancianos se miraron.
La anciana de la voz seca respiró hondo.
Su cara era una máscara gris.
"El Consejo condena a Gaspar Ibáñez al destierro", dijo, despacio.
"Sin manada, sin nombre y sin derecho a cruzar los límites del valle de Ventisquero."
"Quien lo reciba, será desterrado también."
Gaspar, tendido en el suelo, levantó la cabeza.
"Es un castigo piadoso", gruñó.
"Todavía no he terminado."
La anciana se enderezó.
"Las manadas compradoras serán convocadas ante el Consejo del Norte, con el registro como prueba."
"Y la manada Ventisquero dedicará sus recursos a buscar y traer de vuelta a cada una de las mujeres vendidas, a su costa."
El silencio se rompió de golpe en un coro de voces.
Algunos aullaron.
Otros lloraron.
"Y mi nieta", dijo ella, y esta vez su voz se quebró, "será la primera."
Los guardias se llevaron a Gaspar entre dos filas de lobos que no le dirigieron ni una mirada.
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