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El Arrepentimiento del Alfa: Recuperando a Mi Compañera Humana, novela · Capítulo 15 de 20

Capítulo 15: La ley de Valeria

La asamblea se hizo al mediodía, bajo un cielo de nubes bajas.

Fue en el mismo claro donde yo había leído la lista de cuarenta y una mujeres.

Esta vez no había piedra plana en el centro.

Había una mesa de pino con una hoja de papel, un tintero y una pluma.

Y a su alrededor, sentados en el pasto, cuatrocientos lobos.

Rosario me tomó del brazo y me llevó hasta la mesa.

"No te pongas nerviosa", susurró.

"Estoy tranquila."

"Se te nota en la mano."

"Es el frío."

"Qué mentirosa."

Subí a un tronco cortado que alguien había puesto de escalón.

Desde ahí vi todas las caras.

La anciana del Consejo con su nieta al lado, envuelta en una manta.

Fernanda, de pie, con las manos apretadas.

El chico del mensaje, ya con el abrigo nuevo de la manada.

Y al fondo, apoyado en un árbol, con los brazos cruzados y la cara limpia, Ezequiel.

Me miraba con una atención tan quieta que me costó empezar.

"Gracias por venir", dije.

Mi voz se oyó hasta las últimas filas.

"No sé hacer discursos. Voy a decir cuatro cosas, y después ustedes votan."

Alcé un dedo.

"Primera."

"Ninguna persona se compra, se vende ni se entrega como pago."

"Ni humana ni loba."

"Ni por dinero, ni por deuda, ni por paz con otra manada."

Un rumor de aprobación.

Alcé el segundo dedo.

"Segunda."

"Nadie es rechazado sin ser escuchado."

"Quien quiera romper un vínculo lo hace delante de la persona que lo recibe, con un testigo, y ella habla primero."

El murmullo creció.

Una mujer asintió con fuerza, y su compañero bajó la cabeza.

"Tercera. Los humanos son miembros de la manada, con voz y con voto. Siempre lo fueron. Se les olvidó."

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