Gloria: El Nombre que Nunca Fui, novela · Capítulo 4 de 12
Capítulo 4: Un concierto en Castro
No pensaba ir al concierto.
Las tejedoras de la cooperativa insistieron durante toda la semana.
"Es Gloria, Rosario, la de las canciones. Viene a Castro una vez en la vida."
Lo único que me hizo cambiar de idea fue Ismael.
"Si te escondes de ella", dijo, "va a seguir mandando en tu cabeza."
Tenía razón, y me dolió.
El sábado por la noche la plaza de Castro estaba llena de farolitos, de familias, de adolescentes con banderas.
Yo llevaba un gorro de lana hasta las cejas, anteojos oscuros prestados y la mano de Ismael agarrada a la mía.
Detrás del escenario, enorme, brillaba un cartel con su nombre.
Y entonces salió ella.
Gloria Ruiz, la heredera que todo el país conocía por sus canciones.
Llevaba un vestido blanco de lentejuelas y el pelo rubio suelto hasta la cintura.
La plaza estalló.
Ella levantó los brazos y cantó.
Tenía una buena voz, no podía negarlo.
Cantó tres canciones de amor y el público lloró en cada estrofa.
Yo la miraba y recordaba su risa en los pasillos de la universidad, sus uñas perfectas, la forma en que se le acercaban los profesores.
Y a su lado, junto a la consola de sonido, vi a Álvaro.
Mi primer amor.
Estaba más delgado, con el pelo largo hasta el cuello y un reloj enorme, hablando por un auricular, mirando a Gloria con ojos de adoración.
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