Juicio de Internet, novela · Capítulo 3 de 12
Capítulo 3: El guion
El guion de enero: si él se entera, todos dirán que es controlador. Treinta y siete compañeros contestaron listo.
El mensaje de Yasmín tenía once párrafos.
Los leí de pie, en la cocina, con la luz de la nevera abierta sobre las manos.
Lo copio aquí, como lo guardé esa noche, porque después lo vería mucha gente.
"Efraín y yo nos vamos a comprometer cuando terminemos la carrera. Anselmo no lo sabe. Cuando se entere va a hacer un escándalo, porque es obsesivo y controla todo lo que hago."
"Les pido que me ayuden con un plan."
"Uno. Nadie le dice nada antes del compromiso."
"Dos. Si se entera antes de tiempo, todos dicen que él me controlaba, que me revisaba el celular, que no me dejaba salir. Que siempre lo vieron raro."
"Tres. Yo grabo un video llorando. Lo subo antes que él pueda decir nada. Quien llega primero con la historia, gana."
"Cuatro. Nadie dice que sabía. Nadie. Digan que se enteraron igual que él."
"Cinco. Si alguien tiene dudas, piense en que Efraín es un hombre bueno y que yo no soy feliz."
"Gracias por quererme. Les prometo que cuando me case los invito a todos."
Debajo había treinta y siete respuestas.
"Listo."
"Listo, amiga."
"Cuenta conmigo."
"Qué valiente."
"Tranquila, nadie va a decir nada."
"Anselmo es medio raro, siempre lo pensé."
Y entre ellas, la del representante de la clase.
"Yo me encargo de que el profe también colabore."
Volví a leerlo todo.
Ya no sentía frío, sentía una calma extraña.
Era la calma de quien por fin ve el plano completo de un edificio que se le ha caído encima.
Llevaban diez meses preparando mi funeral.
Todos sabían.
Todos habían colaborado.
El día del aeropuerto, el mensaje del compañero, la lista de etiquetas, el tutor pidiéndome que fuera comprensivo, el video de ella con los ojos hinchados.
No había sido una reacción.
Había sido un guion.
Y yo iba a ser el villano de una película que otros escribieron.
Tomé capturas de todo, una por una.
Las guardé en tres lugares.
La nube.
Un disco duro.
Un correo que me envié a mí mismo.
Después me senté a la mesa y escribí un primer borrador de respuesta pública.
Era largo y rabioso.
Lo releí y lo borré.
Me di cuenta de algo importante.
Si publicaba capturas sueltas, dirían que estaban editadas.
Si gritaba, confirmaría que era violento.
Si lloraba en un video, sería "la misma estrategia" de ella.
Necesitaba otra cosa.
Alguien que supiera verificar.
El celular vibró.
Un mensaje de un número desconocido.
"Hola, Anselmo. Disculpa que te escriba así. Me llamo Tatiana Obregón. Soy verificadora de datos en un medio digital de Medellín. Llevo toda la mañana revisando el video de tu ex y hay cosas que no cuadran."
Fruncí el ceño.
Escribí.
"¿Qué cosas?"
La respuesta llegó casi enseguida.
"Dos de las capturas que ella muestra como mensajes tuyos son de otra persona. Tienen otra fuente tipográfica. Y el video fue grabado antes de que tú supieras nada: la metadata dice 06.12, y tu mensaje en el grupo salió a las 07.31."
Me quedé quieto.
"¿Puedes demostrarlo?"
"Puedo. Y no te pido nada a cambio. Solo no soporto que se use una acusación así para tapar otra cosa."
Dudé.
Podía ser una trampa.
Podía ser alguien de ellos.
Pero al mismo tiempo, no tenía a nadie más.
"Tengo algo más importante que eso", escribí.
Le mandé las capturas del guion.
Pasaron veinte minutos sin respuesta.
Cuando mi celular volvió a vibrar, era una llamada.
Contesté.
Una voz grave de mujer, serena.
"Anselmo. Esto es lo que necesitábamos."
"¿Esto es suficiente?"
"No para ganar en internet. En internet nadie lee. Pero sí es suficiente para algo mejor."
"¿Qué?"
Hubo un silencio.
"Hay un lugar donde ellos no pueden borrar el chat ni cerrar los comentarios. Un lugar con ochocientas personas mirando, y con una pantalla gigante."
Entendí antes de que lo dijera.
"La ceremonia de grado", dije.
"El sábado", confirmó Tatiana. "Pero para eso, primero necesitas que te dejen subir al escenario."