La Desconocida que Me Encendió en el Show, novela · Capítulo 9 de 12
Capítulo 9: Sin mirar a otro lado
La cama de Citlali era pequeña, de una plaza y media, con una colcha de lunares y un montón de cojines.
Fátima se había ido a un ensayo, con una sonrisa que decía "no vuelvo hasta mañana".
Eran las once de la noche.
Afuera llovía fino, y el cuarto olía a vainilla y a ropa limpia.
"Hoy no hay nadie mirando", dijo ella, sentada en el borde, con las manos en mi cinturón. "Ni el público, ni Rogelio, ni el vigilante."
"Ni el tren."
Se rio.
"Ni el tren."
Me quitó la camisa y me besó el pecho.
Yo le saqué el vestido por la cabeza con cuidado, y la dejé desnuda bajo la luz tibia de la lámpara.
La miré.
Esta vez la miré a conciencia, sin prisa, sin música, sin parapetos.
Tenía una cicatriz pequeña en la rodilla, un lunar en la cadera, la polilla en el muslo, una marca de nacimiento en el hombro.
"No me mires así", dijo, tapándose con un brazo.
"Así cómo."
"Como si fuera algo importante."
"Lo eres."
Le aparté el brazo y le besé la marca del hombro.
Ella cerró los ojos.
La tumbé de espaldas sobre los cojines, y empecé a besarla despacio, de arriba abajo.
El cuello, la clavícula, el pezón.
Lo chupé suave, y ella se arqueó con un suspiro.
Bajé por el vientre, por la cadera, por la cicatriz de la rodilla.
Le besé cada marca, como quien aprende un mapa.
Ella se reía bajito, y a veces se quedaba sin aire.
Cuando llegué a la polilla del muslo, la besé más tiempo.
"Aquí empezó todo", dijo.
"Aquí."
Le abrí las piernas y la besé entre ellas, lento, profundo, con la boca entera.
Ella enredó los dedos en mi pelo.
"Leonel", murmuró. "Qué dulce eres."
La lamí con paciencia hasta que sus caderas empezaron a moverse solas.
La llevé al borde, y me detuve.
El resto de este capítulo forma parte de la parte de pago de la serie. Los capítulos 1 a 4 de La Desconocida que Me Encendió en el Show son gratis: empieza desde el principio y desbloquea el resto con monedas en la app.