La Principessa sin Memoria, novela · Capítulo 4 de 16
Capítulo 4: Tres días
La última noche, Rocco me puso a servir el vino.
Fue en la cena familiar, en el comedor largo de la planta baja, bajo la lámpara de hierro que había pertenecido a su bisabuelo.
Éramos veinticuatro a la mesa.
Rocco presidía, con Lavinia a su derecha.
Yo no tenía silla.
Una criada me había puesto un delantal negro en la mano y una botella de vino en la otra, con una nota escrita con la letra de Rocco:
"La señora Nerina servirá la mesa."
Lo hice.
Fui de silla en silla con la botella, llenando copas, sin una palabra.
Los capos me evitaban la mirada.
Las esposas apretaban los labios.
Una señora de pelo blanco me tocó el brazo al pasar y murmuró: "Qué vergüenza."
No supe si lo dijo por mí o por ellos.
Llegué a la cabecera.
Lavinia me tendió su copa con un gesto ligero.
"Un poquito más, Nerina."
Serví.
"Más."
Serví.
"Un poco más. Hasta arriba."
Dejé de servir cuando el vino rozó el borde.
Lavinia sonrió.
Rocco, a su lado, nos miraba con la expresión de un hombre que observa un experimento.
"Brindemos", dijo, y se puso de pie con la copa. "Por Lavinia Valenti, nuestra nueva Donna."
Todos se levantaron.
Las copas tintinearon.
Yo me quedé con la botella en la mano.
"Nerina", dijo Rocco.
"Dime."
"Brinda."
"No tengo copa."
"Toma la de ella."
"No bebo vino ajeno."
Hubo un silencio.
Una primita se llevó una mano a la boca.
Rocco entornó los ojos.
Pocas veces me había visto negarle algo.
En siete años, quizá nunca.
"Nerina."
"Si me permite, Don Rocco, Pina me necesita en la cocina."
Sigue leyendo gratis con una cuenta. Empieza La Principessa sin Memoria desde el Capítulo 1 y luego crea una cuenta gratis para leer el resto de este capítulo.