La Psicología Del Buen Repegón, novela · Capítulo 12 de 12
Capítulo 12: El camión de las cinco cuarenta
El camión de las cinco cuarenta salió de Santa Cruz Meyehualco tan lleno como siempre.
El chofer cerró las puertas con el hombro, como siempre.
Y yo me paré junto al tubo, con la mochila al frente y la falda de cuadros grises, que Ulises había cosido el sábado con un hilo azul y una paciencia ridícula.
Le había quedado chueca.
Me gustaba más así.
Ulises subió en la parada siguiente, dos pasajeros después, y se abrió paso entre la gente con una mano levantada.
"Perdón", decía. "Con permiso."
Se quedó a un metro de mí.
Me miró por encima de las cabezas.
Llevaba la barba recién recortada y una camisa azul, y traía una bolsa de papel en la mano.
La levantó para que la viera.
Pan dulce.
Todavía con la grasa traspasando el papel.
El camión frenó y la gente se apretó.
Él llegó hasta mí de lado, sin prisa, hasta que su pecho tocó mi hombro.
No se pegó.
Esperó.
Eso era lo que más me gustaba de él, y lo que me había enseñado desde la primera vez.
Esperar a que el cuerpo del otro contestara.
Giré la cabeza.
Lo miré en el reflejo del vidrio, entre un anuncio de dentistas y el letrero de la ruta.
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