La Villana Eligió al Íncubo, novela · Capítulo 12 de 16
Capítulo 12: Noche tres
"Estoy viva", grité.
Me subí a la cama, me colgué de la rejilla de la puerta, y asomé la mano ensangrentada entre los barrotes.
"Estoy viva, y no he terminado."
Hubo un silencio en el pasillo.
Después, el murmullo de doce voces, apagadas por el eco.
"Es una trampa", dijo Evaristo, con un filo helado. "Una ilusión. Ninguna humana sobrevive a dos noches."
"Entonces abra y mire."
"No voy a caer en su…"
"Señor presidente." Era la voz de la anciana de la primera reunión, la que había dicho que la última no sobrevivió. "La ley dice tres noches. Todavía queda una."
"Mi sobrino ha perdido el juicio…"
"La ley dice tres noches."
Se oyó un coro de asentimientos.
Algunos de los Doce estaban de acuerdo, aunque no sé si por justicia o por curiosidad.
Evaristo cedió, con un chasquido de lengua.
"Que así sea", dijo. "Una noche más. Y si la señora Valdivieso no sale con vida al amanecer, que se cumpla lo prometido."
Los pasos se alejaron.
Me dejé caer sobre el colchón, con las piernas temblorosas.
Dionisio, todavía en cruz contra la pared, me miraba con una luz extraña en los ojos.
"Eres una locura", dijo.
"Lo sé."
"Y una maravilla."
Fui hasta él y le abrí las esposas con la palma.
Cayó de rodillas, entre las cadenas, y apoyó la frente en mi vientre.
"Quédate así", murmuré, acariciándole el pelo.
Se quedó mucho rato.
Cuando llegó la tarde, Magnolia pasó por el ducto un paquete envuelto en un paño.
Lo abrí con la mano vendada.
Dentro había un segundo frasco, el antídoto de Lía, y una nota escrita con su letra prolija.
"Para él, antes de la noche. Es la última dosis. La hierba de ánima ya no tiene efecto, pero tardará en salir del cuerpo. Es normal que el hambre sea fuerte."
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