Me acusó de ladrona… así que le destruí la vida, novela · Capítulo 10 de 12
Capítulo 10: La segunda noche
La casa de Octavio estaba en Clayton, al final de una calle de ceibas, con un jardín grande y una hamaca amarilla colgada del porche.
Su hija abrió la puerta antes de que él pudiera sacar las llaves.
Nueve años, trenzas largas, un delantal de cocina sobre un vestido de lunares y una cuchara de palo en la mano.
"¿Tú eres Marisel?"
"Sí."
"¿La que dijo 'nada'?"
"La misma."
La niña me miró de arriba abajo con seriedad científica.
"Es más fácil decirlo que hacerlo."
"Tienes razón."
"Yo no puedo quedarme callada ni dos minutos. Mi papá dice que es herencia de mi abuela."
"Mi papá decía lo mismo."
"¿Y cuál es el truco?"
Me agaché hasta su altura.
"Respirar por la nariz y contar hasta diez. Y mirar a los ojos."
La niña se quedó pensando.
"Voy a probar mañana en la escuela."
"Avísame cómo te va."
"Ya está", dijo, y me tomó de la mano. "Pasa. Hicimos arroz con pollo."
Octavio, detrás de mí, tenía los ojos húmedos.
Cenamos los tres en la mesa del comedor.
La niña me contó de una profesora que la odiaba y de un hámster que se llamaba Napoleón.
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